Selección de poemas leídos como introducción al género lírico
Oliverio Girondo
Llorar a lágrima viva
Llorar
a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar
el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de
amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas
del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las
veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro
llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar
los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África,
llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo…
si es
verdad que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de
llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la
nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la
boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar
todo el insomnio y todo el día!
Fortunato Ramos
Yo jamás fui un niño
Mi sonrisa es seca y mi rostro es serio,
mis espaldas anchas, mis músculos duros
mis manos partidas por el crudo frío
sólo ocho años tengo, pero no soy niño.
Detrás de mis ovejas ando por el cerro
y cargau mi leña bajo hasta mi puesto
a soplar el fuego, a mismiar mi soga,
y no tengo tiempo para ser un niño.
Los años caminan y todo es lo mismo,
moti, sal con lechi son mis caramelos,
mi juguete un chivo o el perro ovejero,
poco tiempo tengo, pero no soy un niño.
Mi avión de juguete es un cuervo viejo,
mi camión un burro de trotar muy lento,
mi amigo, es el zorro que roba mis cabras
y es todo mi consuelo de poder ser niño.
Mi rostro es de viejo y mi andar de agüelo,
mis callos partidos por piedras del cerro,
mi poncho rotoso por el fuerte viento,
todo eso me dice, que no soy un niño.
¡Y no hay reyes magos,
no hay Días del Niño,
jamás tuve suerte
de poder ser niño!
Pablo Neruda
Poema XX
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir,
por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los
astros, a lo lejos.”
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo
escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a
veces ella también me quiso.
En
las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas
veces bajo el cielo infinito.
Ella
me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus
grandes ojos fijos.
Puedo
escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la
tengo. Sentir que la he perdido.
Oír
la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma
como al pasto el rocío.
Qué
importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está
estrellada y ella no está conmigo.
Eso
es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se
contenta con haberla perdido.
Como
para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no
está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros,
los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya
no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el
viento para tocar su oído.
De
otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo
claro. Sus ojos infinitos.
Ya
no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el
amor, y es tan largo el olvido.
Porque
en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se
contenta con haberla perdido.
Aunque
éste sea el último dolor que ella me causa,
y estos sean los
últimos versos que yo le escribo.
Como
la cigarra
Tantas
veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy
aquí,
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano
con puñal
porque me mató tan mal,
y seguí
cantando.
Cantando al sol como la cigarra
después de un
año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la
guerra.
Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a
mi propio entierro fui
sola y llorando.
Hice un nudo en el
pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez,
y
seguí cantando.
Tantas veces te mataron,
tantas
resucitarás,
tantas noches pasarás
desesperando.
A la hora
del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para
ir cantando.
Vicente Huidobro
Altazor (fragmento)
Altazor
¿por qué perdiste tu primera serenidad?
¿Qué ángel malo se
paró en la puerta de tu sonrisa
Con la espada en la mano?
¿Quién
sembró la angustia en las llanuras de tus
( ojos como
el adorno de un dios?
¿Por qué un día de repente sentiste el
terror de
ser?
Y
esa voz que te gritó vives y no te ves vivir
¿Quién hizo
converger tus pensamientos al cruce
( de todos los
vientos del dolor?
Se rompió el diamante de tus sueños en un
mar
( de estupor
Estás perdido Altazor
Solo en
medio del universo
Solo
como una nota que florece en las alturas del
(vacío
No
hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni
( belleza
¿En
dónde estás Altazor?
La
nebulosa de la angustia pasa como un río
Y me arrastra según la
ley de las atracciones
La
nebulosa en olores solidificada huye su propia
(
soledad
Siento un telescopio que me apunta como un
(
revólver
La
cola de un cometa me azota el rostro y pasa
( relleno de
eternidad
Buscando infatigable un lago quieto en donde
( refrescar su tarea ineludible
Altazor morirás Se secará tu voz
y serás
( invisible
Alfredo Mario Ferreiro
El dolor de ser Ford
¡Qué
dolor debe dar
ser siempre Ford!
Ser Ford...
Y no ser un
alado Packard,
un soberbio Lincoln,
un trompudo Renault,
o
un ancho Cadillac.
Ser Ford,
ser siempre hojalata.
Y
que todos digan:
-Ahí va un Ford. Como quien dice:
-Ahí va un
cualquiera.
¡Y saber en lo íntimo
de las bujías y del
carburador,
que se es automóvil como los otros autos,
y, a lo
mejor, mejor!...
Comentarios
Publicar un comentario